En cierta manera recordaba a un perro
fiel, reconocía el ruido que producía el escape de la Montesa de su
tío cuando éste encaraba el principio de la calle a un buen
centenar de metros de distancia de su casa. Esperaba detrás de la
gruesa puerta de madera de la casona donde vivía su familia y cuando
creía que la moto estaba a punto de frenar y antes de que a su tío
le diera tiempo de echar el pie a tierra y parar el motor, el chaval
salía rápidamente esperando la recompensa a la diaria espera. Una
vuelta en moto por el barrio.
Un día le regalaron un casco de color
rojo. Era metálico y tenía una correa que se ajustaba por debajo
del mentón, era un casco de verdad!. Pero el regalo no acabaría
allí, aquel día era especial porque el viaje duraría mucho más.
Irían al Montearenas, una montaña muy cerca de su casa. Una montaña
mítica, así como l'Alpe d'Huez es para los amantes del Tour de
France, ir al Montearenas era el no va más...
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